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miércoles, 28 de mayo de 2014

LA FIESTA


Marisela se vestía para la fiesta. Estaba emocionada, hacía tiempo que soñaba con ir a una fiesta grande como esa. Tenía mucha ilusión porque sabía que vería de nuevo a toda su familia, a todos sus amigos. Marisela se vestía con sus mejores galas, con colores brillantes y encendidos. Marisela se vestía para la fiesta. El espejo volvió a ser su amigo, ayudándola a maquillarse y peinarse con esmero para reflejar así toda la alegría, toda la felicidad que llevaba dentro. Mientras musitaba su canción preferida, se perfumaba y sonreía, dejando salir aquella luz que había vuelto a encender en su alma. Marisela se vestía para la fiesta mientras soñaba con su nueva vida, con su futuro un tanto incierto, pero suyo. Al fin comenzó la fiesta. Marisela brilló como nunca antes; rio, jugó, habló y bailó hasta el amanecer. Aquella mañana, el sol salió tarde.


©2014 PSR


miércoles, 21 de mayo de 2014

EL PAYASO


El payaso lloraba amargamente. No lloraba por el golpe que le acababa de propinar su compañero, sino por la noticia que recibió antes de la función. El payaso lloraba porque el dueño del circo lo había despedido, efectivo a partir del día siguiente. Ya no tendría trabajo, ya no haría reír a los niños. Había sido payaso toda su vida, desde los 14 años. No sabía hacer otra cosa sino el tonto y el ridículo para que los demás gozaran burlándose de él. Era su vida hacer reír a los otros y de pronto se vio sin nada. Mientras seguían en la última función, el payaso se dejaba empujar, golpear, mojar y bromear por sus compañeros mientras pensaba en algún trabajo que pudiera hacer a partir del siguiente día. En medio de las risas del público caviló y caviló hasta que dio con el empleo perfecto, donde usaría toda la experiencia acumulada a lo largo de su carrera. Entonces, por la mañana fue al Congreso, presentó sus credenciales y automáticamente lo emplearon como vocero del gobierno.


©2013 PSR


miércoles, 14 de mayo de 2014

EL EVENTO


Lo había planeado todo con el mayor de los cuidados. Tuvo la idea un miércoles por la noche, cuando todos dormían cansados la rutina de la media semana. Antes había visto el anuncio en Internet, pero en aquel entonces no se atrevía a soñar algo tan audaz. Sin embargo, esa noche del miércoles, la envolvió un halo dulce y luminoso que ella identificó como el alma de la libertad, olvidada hacía demasiado tiempo. Esa caricia tibia, infinitamente placentera, le hizo abrir los ojos como nunca antes. En medio de la oscuridad de su estrecha vida, de pronto lo veía todo; podía discernir entre las cosas verdaderas y las apariencias, y el espíritu preso se percató de que aquel cerrojo tenía llave…y la llave la esperaba encima de la repisa, junto a todas las demás. Embelesada, disfrutó aquella sensación emancipadora en lo que quedaba de noche, y a la mañana siguiente se sintió más viva que nunca. Con una sonrisa amplia y brillante, se vistió y se arregló, soñando con el evento. Sabía que sería grandioso, que si asistía, sería una experiencia inolvidable. El ánimo la tenía flotando muy por encima de los cúmulos y nimbos, más allá aun de los cirros. Sintiendo sobre su piel ese sueño divino, la mente se le despejó y comenzó a analizar la situación. Serían sólo tres noches. Tres noches y cuatro días en los que le pediría a la niñera que durmiera en casa para acompañar a los chicos. Les dejaría varias comidas preparadas para facilitarles su ausencia. Un taxi la llevaría y la recogería del aeropuerto. Ella se quedaría con una amiga; aún le quedaban varias buenas amistades de la época en que vivió en aquella ciudad, más de diez años atrás. Entre varias líneas aéreas buscó la mejor tarifa en pasajes a Nueva York, hasta que encontró los que se ajustaban a su horario y su bolsillo. Así se fue acercando poco a poco a la meta. Resolvió todas las diligencias que tenía en lista desde hacía tiempo, escogió la ropa perfecta para el viaje, alistó todo en casa y dejó a los niños preparados. Llegado el momento de abordar el avión, suspiró pensando en sus hijos, pero al mismo tiempo tranquila de saber que ellos estaban bien y que se alegraban de que su madre al fin se decidiera a hacer algo solamente para ella. Aprovechó el vuelo para descansar su emoción de niña con juguete nuevo y al llegar a la Gran Manzana estaba llena de energía como cuando era adolescente. Aprovechó el tiempo al máximo; sólo hacía lo que quisiera. Estuvo consigo misma, disfrutando de su propia compañía. Recordó viejos tiempos y se aventuró a pensar en el futuro. Las ideas burbujeaban en su cabeza como la última sopa que había preparado tan sólo unos días atrás en casa. En medio del peor frío invernal, caminó por las amplias aceras de aquella ciudad que, a pesar del tiempo y la distancia, seguía siendo suya. Una por una fue encontrándose con sus amigas, reviviendo anécdotas, poniéndose al día con sus vidas, escuchando atenta y contando episodios de la suya. Probó algunos restaurantes nuevos y repitió en otros conocidos mientras se acercaba el instante que tanto había esperado. Una ansiedad primordial la embargaba; no recordaba haberse sentido así en demasiados años. Se dirigió al lugar con bastante antelación, hizo la fila junto a muchos más que tenían la misma meta esa noche. Después de pasar un rato observando en detalle todo cuanto la rodeaba, los porteros indicaron que la espera había llegado a su fin y la dejaron entrar al recinto en medio de la vaguada humana en la que casi se ahogaba. Llegó hasta su asiento, se quitó el abrigo, acomodó sus cosas de la mejor manera y se entregó a la butaca que la recibía amable. Miró todo; no quería perderse de nada. Deseaba que cada segundo, aquellas formas y colores quedaran impresos en sus retinas. Sentada allí, se dio cuenta de que los años no la habían cambiado, que su naturaleza era más fuerte que las circunstancias y que su esencia seguía intacta. Esos momentos la hicieron descubrirse de nuevo como la mujer apasionada que siempre le había caído tan bien; aquella a la que le brillaban los ojos tan solo por la emoción de vivir cada día. En medio de tantas sensaciones juntas, el corazón se estremeció con suavidad mientras el alma sonreía, satisfecha. De pronto, todo oscureció. Unos acordes triunfales inundaron la sala cubriendo todas las superficies, entrando por ranuras, pliegues y poros, haciendo temblar todos los músculos de su cuerpo. Entonces, el evento comenzó.


©2014 PSR


miércoles, 7 de mayo de 2014

DÍA DE LAS MADRES 2014


Eres madre venezolana
fuerte, luchadora y valiente
cual amazona
mujer con todas las letras
que con amor inculca respeto
necesidad de justicia
gentil dama
la que enseña el valor del estudio y del trabajo
el poder contundente de la verdad
la paz de la conciencia tranquila
a los pichones de su único nido.

Eres madre venezolana
la que cada mañana bendice a sus hijos
cuando enfilan hacia la calle
como hormigas laboriosas
sin saber si el hampa descarada
los dejará regresar por la tarde.

Eres madre venezolana
la del muchacho decente
que con los ojos limpios
salió a protestar sin violencia
y por bueno lo torturaron
humillado a carcajadas
por defender su dignidad.

Eres madre venezolana
que adorabas a tu hija amada
aliento de tu juventud
espejo de tus ideales
parida con mil ilusiones
querías darle el universo
y unos matones de profesión
pagados por asesinos mayores
se la llevaron con saña
porque sí y nada más
al otro mundo.
Masacran a tu niña
sin piedad y frente a todos
mutilan tu misma carne
alumbrada hace tan poco
la sangre escarlata
que compartiste con ella
tus ojos a través de su mirada
por donde buscabas desesperada
su futuro ausente.

Eres madre venezolana
huérfana de hijo
aquella que se quedó inquieta
cuando te besó al despedirse
para salir a luchar por Venezuela
a la que cualquier pesadilla le pareció un cuento de hadas
cuando te llamaron llorando
cuando te lo devolvieron incompleto
cuando sus cuencas estaban opacas
aún eres su madre
y sigues esperando su regreso
por una eternidad.

Eres Venezuela
madre de todos
de tantos jóvenes héroes
de sus madres huérfanas
lucharemos por tu libertad
Venezuela
eres nuestro último aliento
no podemos perderte.


©2014 PSR