LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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miércoles, 29 de mayo de 2013

A L E


Alegre y bella
llenas la vida de luz
sin más excusas.

Lirios silvestres
flotan en la música
de tu corazón.

Es mi alma abierta
sin espacio ni tiempo
tu eterna casa.


©2013 PSR


miércoles, 22 de mayo de 2013

SELECCIÓN NATURAL


Nacieron a la orilla de un pozo turbio del pantano, junto a tantos otros de la misma camada. El lugar era ideal; la gente del campo no pasaba por allí porque tenía mucho miedo. Entre el verde profundo de la maleza, madre y padre velaron el nido alto de palitos y hojas para garantizar que la mayoría de los huevos nacieran. Después, transportaban a las crías sobre la cabeza o en la boca, protegiéndolas de cuanto peligro posible hubiera, dejándolas crecer suficientemente robustas para sobrevivir solas. Pasaba el tiempo y los pequeños hocicos se hacían más alargados, llenándose de dientes grandes y afilados. Cada día se volvían más astutos, más feroces, más sanguinarios. Un día de invierno, en un recodo del oscuro caño, los jóvenes les tendieron una trampa mortal a los viejos. El plan salió perfecto; no durarían mucho. Y mientras la vida se encargaba de llevárselos, los traidores aprovecharon para alimentarse de sus despojos. Engulleron vísceras, ojos y músculos con el apetito más voraz. Luego se acostaron, panza arriba, en la playa que hicieron suya. Al fin se sabían los dueños de toda la cañada. Era una cuestión de simple selección natural. Teniendo el control absoluto, los demás quedarían sometidos por ellos, recibiendo las sobras de lo que fuera cayendo desde las partes más altas de aquella pirámide de poder. El poder. Cada uno creía que lo tenía, cada quien pensaba que lo merecía, cada cual lo ansiaba para sí, pero… ¿quién lo poseía en realidad? Todos ellos eran iguales; nacidos y criados en el mismo pozo. No había uno solo que tuviera indicios de crecimiento de cachos. Eran agresivos, sí, pero mediocres. Cuando se dieron cuenta de que ninguno era un macho alfa, se desató la locura en el fangal. Sin líder, de pronto sintieron que la charca era demasiado pequeña para tantos. Reinaba la paranoia; no confiaban ni en sus propias escamas. Entonces, presas del odio y el pánico, comenzaron a aniquilarse entre sí. La furia flotaba pesada sobre la superficie de la cañada. Los asaltos venían de todas partes; desde la orilla y desde lo hondo, con sol y en la penumbra. Fue un tiempo de terror e incertidumbre, donde lo único que quedaba era atacar primero. Agredir sin piedad. Así, uno a uno acabaron muriendo, víctimas de potentes mordidas y latigazos de cola. Entre bufidos y resoplidos, el caño adquirió un tono escarlata intenso. Por suerte, aquel infierno rojo no duró mucho. El último de ellos pereció víctima de una herida profunda y desgarrada que le había hecho su propio hermano de nidada en el potente cuello. Agonizando, miró alrededor contando sus congéneres descuartizados por la codicia. Dejó de respirar sin entender lo que había pasado. La era oscura de la cañada había acabado. Por fin se impuso la calma. Una tarde soleada, poco después de la matanza, un campesino que tomaba el atajo por el pantano, los encontró. El escenario hablaba por sí solo. Él sí comprendió lo que pasó. Feliz, llamó a sus compadres para que le ayudaran. No podían usar la carne porque se estaba descomponiendo, pero el campesino tuvo una idea mejor: con sus pieles fabricó zapatos para que la gente, ya sin miedo, los pisara desde adentro.


©2013 PSR


miércoles, 15 de mayo de 2013

IMPUNIDAD

 
Todo el día correteaba a los niños más pequeños por el patio de la escuela. Les arrebataba los juguetes y los destrozaba. Presos del pánico, los arriaba hacia una esquina. Allí los insultaba, les escupía, los empujaba, los pateaba y los amenazaba con golpearlos hasta reventarse los nudillos. De lunes a viernes ejercitaba sus dotes sádicas, inclemente, alimentándose del miedo que sembraba en aquellos chicos. Y cuando una vez su mejor amigo le preguntó por qué lo hacía, simplemente contestó sonriendo: “¡Porque puedo!”.

©2013 PSR


miércoles, 8 de mayo de 2013

M C M



Mujer entera
brava venezolana
de ojos limpios.

Cuánta humillación
te imponen a diario
en cuerpo y alma.

Más fuerte eres hoy
junto a tus hermanas
en busca de paz.


©2013 PSR


miércoles, 1 de mayo de 2013

ANGELITOS BELLOS



Pintor de la vida y lo que ves
en el cielo como en el universo
pintor de todo aquello
que llena el alma de estrellas
con tu paleta mágica
de mil matices plena
crea la Madre de todos
píntame una Virgen morena
india, cual sol de la tarde
como la noche, negra
y al igual que la mañana
también blanca europea.

Pintor de imágenes santas
desliza el pincel divino
revívela pura en mil cadencias.

Entre el piano y los violines
Coromoto sueña con serafines
musitando versos que amanecen
abrazados a una tonada
llanera ella, la campesina
hija del cuatro y el arpa.

María Lionza, la natural
reina mestiza en la montaña.
Más allá, selva adentro
donde el blanco es forastero
rezan con maraca y zumbador
el canto sagrado de los ancestros
aquellos de tu sangre, bendita Luna.

En el páramo imponente
armonías en flautas milenarias
tejen notas de viento y niebla
que se escurren entre las piedras
honor eterno, merecido
a la gran sabia Pachamama.

La arena de la costa
refleja clara la guarura
con el golpe de un tambor
y el azul partido en dos
inundado de latidos
por ti, Yemayá fecunda.

Artista eterno de lo hermoso
píntame el cielo multicolor
un arco iris, el más grande
tachonado de angelitos
zambos, negros, indios, blancos
ángeles criollos y mulatos
preciosos querubines
que con la Virgen protejan
en mi tierra, a los niñitos.

©2013 PSR