LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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miércoles, 25 de mayo de 2011

PAZ


Buscando la paz, encontré los árboles de mi ciudad totalmente desbordados de delicadas y perfectas flores en primavera, estallando todos en mil colores al mismo tiempo. Entre la locura del tráfico pude oír a las aves cantar y vi a una pareja de guacamayas haciendo piruetas en el cielo azul. Sentí el calor del sol caribeño sobre mi piel y luego me envolvió la noche fresca adornada de un manto de estrellas. Otro día se presentó ante mí un magnífico arco iris en medio del gris que se deshacía encima de mi persona. Sonreí de dicha ante el simple hecho de poder caminar descalza por la playa y disfrutar de un paseo por el bosque. Respiré profundo al recordar que tengo una hermosa familia, que contamos con un techo, que no pasamos frío ni nos falta el pan, y que tenemos el enorme privilegio de recibir una buena educación en un país libre y democrático. Me percaté de lo bello que es tener metas e ilusiones y poder soñar bonito con mi propia realidad; de lo liberadora que resulta una risa espontánea, sincera, y de cuánto puede iluminar una mirada limpia. Al estar feliz consigo mismo, no hay nada de qué preocuparse, no existen las posesiones, se lleva el corazón y el alma desnudos, no es necesario pedir perdón, no hay que decir nada, la expresión es plena, los ojos se cierran plácidos… Entonces, en medio de mi propia vida, entendí que encontramos la paz cuando nos damos cuenta de que no necesitamos de nada ni de nadie más. 


©2011 PSR

miércoles, 18 de mayo de 2011

BUSCABA...

buscaba ansiosa el ánimo perdido
y al fin
desperté de mi letargo
con una nueva idea.

buscaba el ímpetu
y mi espíritu me empujó
irremediablemente
fuera de mí misma.

buscaba la libertad
y a lo lejos apareció un pelícano
planeando suavemente sobre las olas.

buscaba la sabiduría
y me asombró la tortuga marina
haciendo su nido en la playa.

buscaba la perseverancia
y me senté en la plaza
junto a una anciana que tejía
mientras tomaba el sol mañanero.

buscaba lo imposible
y encontré mil barricadas.
entonces
las derrumbé una por una
y convertí todo en hechos
…ya no existe lo irrealizable.

buscaba la belleza
y tropecé en el campo
con una telaraña tachonada de fino rocío.

buscaba la verdad
y la encontré en el fondo
de tu mirada limpia.

buscaba la tolerancia
y me sorprendió la carretera recta por la que iba
haciéndose arco por la presencia de un árbol.

buscaba la aceptación
y poco a poco fui distinguiendo
el más hermoso arco iris
en medio de las nubes grises.

buscaba la dignidad
y me contentó inmensamente
saber de una mujer
que se hacía respetar.

buscaba el honor
y sentí en mi piel
la reverencia de los indígenas
en el trato a la Madre Tierra.

buscaba la inocencia
y un pájaro se posó en mi ventana
trinando para su amada.

buscaba la confianza
y mi hijo tomó mi mano
…y yo la apreté suavemente.

buscaba la amabilidad
y me envolvió el perfume
de la pradera florida
una tarde de primavera.

buscaba el apoyo
y encontré unas manos
un hombro preparado
unos brazos abiertos.

buscaba la compasión
y me tranquilizó verla en tantos rostros
ayudando a desconocidos
después de la catástrofe.

buscaba la esperanza
y me arroparon los verdes más nuevos
en las copas retoñadas
de los árboles en mi calle.

buscaba la maravilla
y me fascinó el sol brillante
en el cielo azul intenso
y la luna llena
en la elegante noche estrellada.

buscaba la alegría
y mi corazón sonrió pleno
al hacer reír a otros.

buscaba la felicidad
y al hallarla
emocionada la respiré profundamente
hasta llenarme de ella
luego la dejé salir como suspiro
para compartirla con los demás.

buscaba la amistad
y uno a uno aparecieron
quienes ocupan
inamovibles
un lugar en mi corazón.

buscaba el amor
y de pronto
me quedé enganchada
a tu alma.

buscaba la paz
y me di cuenta
de que la llevo dentro.

buscaba la eternidad
y mi alma vibró.


©2011 PSR

miércoles, 11 de mayo de 2011

SILENCIOS

“…Al fin llegamos. Al abrir la puerta de la casa, la luz se apagó de repente. De pronto todo quedó en calma, incluso los niños quedaron silentes. Entramos cada quien a lo suyo, junto al silencio que se abrió paso de golpe en el espacio, llenándolo de una quietud abrumadora. En el aire hay una presión y un peso que nunca antes había experimentado; el silencio intenta perforarme los oídos y el cerebro. La calma total es apabullante, es la ausencia de cualquier cosa. Es la aniquilación, la muerte; peor aun: la no existencia. La ausencia de todo sonido crea esa paz fantasmagórica que tienen los objetos inertes, inanimados. No queda ni un murmullo, ni rastros del rumor de alguna máquina, ni el trinar de las aves o los sonidos ásperos de los insectos. El silencio que se apoderó del atardecer me subyuga, aplastándome, haciéndome incapaz de articular palabra. Ni siquiera puedo hacer ruido porque el silencio se lo tragaría. Romper el silencio es una tarea titánica; es vencer el mayor obstáculo en mi vida en este preciso instante. Sería equivalente a destruir el entramado de cristales que forma el espejo de un lago en pleno invierno; se rompería la estructura. La calma es más poderosa que el ruido. Es más fuerte que mil cadenas. El sonido implica desorden, es entrópico; la calma es fuerte porque depende del orden. El silencio puede aniquilar cualquier intento de explicación o razonamiento. El silencio es sublime y tiránico a la vez. Puede destrozarnos o liberarnos, pero siempre tiene el poder de la última palabra. El silencio gana. Al principio de todo había silencio, y al final también lo habrá. El nacimiento y la vida del universo suceden gracias al amable interludio de sonido que nos regala el silencio dueño de las dimensiones, que volverá a invadirlo todo cuando ya todo haya acabado.

En medio de este silencio universal, comienzo a divagar igual que lo hacía cuando era niña. En aquel entonces pasaba horas sentada frente a un objeto magnífico, esperando que algo sucediera. En realidad sucedía cada media hora, pero yo pasaba paciente toda la tarde, atenta al momento preciso para no perderme de nada. Así lo veía varias veces, y me quedaba maravillada siempre. A pesar de verlo una y otra vez, no me cansaba. Cada nueva ocasión era un nuevo regalo, una nueva oportunidad de experimentar la magia, una nueva manera de recomenzar, tal vez. Eran momentos de grata espera, en los que la imaginación viajaba a través del pasillo nublado de mi casa hacia bosques encantados, llenos de seres fantásticos y personajes mágicos. Entonces huía del lobo o me enfrentaba a la bruja, luchaba con el dragón o ayudaba a las hadas; pero siempre salía victoriosa y me reunía con el príncipe valiente en un final feliz. Todo eso sucedía mientras estaba sentada en el suelo, en silencio, mirando hacia lo alto de la pared en una especie de hipnosis que llegaba a su punto culminante cada vez que la aguja larga señalaba al cielo o a la tierra. Una bella pieza de madera tallada con motivos de árboles y pájaros, con manecillas blancas que paseaban por números romanos. Me miraba imponente desde aquel lugar inalcanzable, y sin embargo, estaba suficientemente cerca para poder observarlo en detalle, desde el mismo punto del pasillo, todos los días de mi niñez. Concentrándome en su presencia pura podía dejarme ir lejos y soñar. Era exacto. Era perfecto. Era maravilloso. Nunca me falló, no me decepcionó ni me engañó jamás. En mi imaginación subía por las cadenas y llegaba al centro de su mecánica. Como el príncipe de Rapunzel, deseaba conocer al que cantaba y se escondía detrás de la ventana. Quería saber quién hacía funcionar el mecanismo y cómo lo hacía con tanta precisión. Pasaba el tiempo observando minuciosamente todos los cortes en la madera, las figuras, los adornos. La fantasía y la realidad se fundían en mi conciencia despertando cada fragmento de memoria, liberando el pensamiento que estallaba en miles de ideas nuevas, ansiosas de que la niña en mí les diera vida. Y de pronto, cuando menos lo esperaba, el cucú cantarín salía a saludarme, amable y fugaz. Me alegraba verlo de nuevo. Y me quedaba sentada, soñando durante otra media hora, para volverlo a ver…”.


(fragmento tomado de un trabajo en proceso)

© 2009 PSR

miércoles, 4 de mayo de 2011

PASIÓN

despierta
poco a poco
desordenada
burbujeante
suavemente turbulenta.
espontánea se arremolina
buscando espacios
para inundarlos
buscando aire
para respirarlo
buscando vías
para fluir
para viajar
sin fin.
una corriente
eléctrica
energética
extática
exquisitamente plácida
recorre mis entrañas
una por una
pulsando
latiendo
retorciéndose divinamente
abriéndose paso
órgano a órgano
nervio a nervio
desbocándose
roja
blanquecina
acuosa
salada
magnética
llenando el cuerpo
hasta reventar
envolviéndolo
abrigándolo
preparándolo para lo que sucederá
deliciosa
íntima
inminente
inevitablemente.
entonces
arrebatada
tomo el instrumento
…escribo.


©2011 PSR