LIBROS POR PATRICIA SCHAEFER RÖDER

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miércoles, 30 de junio de 2010

MARIPOSA NOCTURNA

soy una mariposa nocturna
que vuela directo
sin escalas
a la fuente de luz
brillante
intensa
que hay en tu alma.
avanzo veloz
sin frenar
sin pensar
no quiero hacerlo.
perdí el control
en realidad me deshice de él
al fin.
no lo necesito
ni lo deseo.
me acerco
cada vez más
mis alas baten el aire
que alimenta ese fuego
inacabable.
me lanzo
segura
embriagada de ti
para quemarme entera
inevitable
masoquista
divinamente.
entonces
somos un solo ser
pura energía
luz y calor
…amor.



©2010 PSR

miércoles, 23 de junio de 2010

SOY

Soy… Soy yo. Yo soy. Soy una mujer. Ante todo, una mujer. Soy madre también, pero antes de eso ya era una mujer. Soy esposa, pero desde siempre he sido una mujer. Soy hija, hermana, tía, amiga, compañera; mujer. Soy genuina, apasionada y honesta. Soy de las que quieren que todo sea correcto, como debe ser. Soy de aquellas personas que aún se maravillan y se sorprenden ante las pequeñas florecitas que crecen entre el cemento de la calle. Soy quien todavía cree en la bondad de la gente. Soy alguien que no soporta la injusticia ni el dolor ajeno. Soy una soñadora irremediable. Soy quien se estremece cuando la abrazan y siente fluir la energía del otro en un apretón de manos; aquella a quien aún le salta el corazón cuando le regalan una bella sonrisa. Soy alguien que prefiere disfrutar de un café con sus amigas en vez de enviarles mensajes de texto. Soy aquella que necesita tener el escritorio frente a la ventana para ver el cielo y las nubes. Soy alguien que honra a los ancianos, ama la naturaleza y reverencia a los árboles. Soy un tanto testaruda e insistente. Soy Patricia, a la que le gusta caminar en la lluvia para dejarse empapar por completo; quien se convierte en tortuga marina cuando las olas de la playa la seducen. Soy la única persona responsable de mis actos, sean acertados o equivocados. Soy ciudadana del mundo; resultado de una bella mezcla de historias, tradiciones y culturas. Soy yo misma, aunque a veces no sepa quién soy; aunque a veces no me reconozca. Soy quien siempre he querido ser; soy quien me estoy haciendo, construyendo día a día, palmo a palmo. Soy quien fui y soy quien voy a ser. No puedo ser igual siempre. No soy estática, cambio todos los días. Cambio a cada instante. Mi ser yo misma fluye desde el pasado hasta este presente continuo que toma prestados instantes microscópicos de futuro. Porque el futuro se me abre adelante, convirtiéndose en presente a cada instante. Fui, soy y seré siempre quien yo quiera ser y nadie más. Aún no me arrepiento de nada. Tengo el futuro todo para mí, no importa cuánto dure. El pasado está ahí; sobre él construyo mi presente y desde el presente veo hacia ese futuro abierto. Mi pasado me constituye, me forma de manera básica, íntima. Mi presente me moldea y mi futuro me espera. Soy la única dueña de mi historia, de mi hoy y de mi destino, eternamente. Soy. Aún sigo siendo. Soy yo misma. No quiero ser otra más que yo. Nunca ser como los demás. Sin embargo, soy una persona común; simplemente soy yo.


©2010 PSR

miércoles, 16 de junio de 2010

DEVENIR

¡Darío, donjuán del diablo, distingue diminuta Daniela dormida dentro del dormitorio! Declárale devoción, devaneo divino, directo. Desvívete, dondiego dilecto, derrítela dondequiera; damisela digna, decente. Dadivoso, dale deferencia, decoro, dinero; dale dotes de dinastía dominadora: diademas, diamantes, dijes damasquinos. Doncella durmiente, descansa divina, deleitándote dulcemente. “Duerme duquesa Daniela; duerme, duerme”, dice Darío determinado. Delatado, detrás de Daniela, desperezado, despierto, Darío dividía dádivas dentro del duro derredor demolido. Desdentado, decaído, desamparado, divisaba desapasionado dólares desgastados, desdeñados del doctor, del dibujante, del doméstico. Después, drástica, Daniela dijo: “¡Darío, dame dinero deprisa, debo disfrazarme de deambulante!”. Disgustado, dudando, Darío dobló divisas dosificadas, disimulando. “Daniela, ¿dónde dejaste de dormitar descansada?” dijo Darío, desesperanzado, deprimido. Desilusionado, designó diezmos defectuosos del dentista del día donde, desheredada, digna Daniela dudó desmayarse del dolor: “Daniela, dueña diestra, date dos dólares de duraznos, de dátiles dulces durante dantesca danza” dijo Darío debidamente. Débil, Daniela debutó delante de dormitorios desolados, decadentes, damnificados. Danzaba decidida, decolorada, decretada dominadora dedicada de demonios dependientes, denunciados… deplorables. Desquitada, desnutrida, Daniela divertía desatadamente doñas, dones desmoralizados, desmerecidos, desobedientes, destruidos, destapando dineros desusados, detallándolos… desfalcándolos. Darío, dondiego desvergonzado, deteriorado, desviado, desquiciado, droga duramente diez diosas Danielas, Dianas, Doroteas, detenidas dentro de drenajes donde duendes dudan de dosificar donaciones. ¡Dales domicilio, Darío! ¡Dales domingo, dales desahogo, desgraciado Don de dolor doblegante! ¡Dales dignidad, doctor distorsionado, displicente, degenerado, disociado! ¡Déjalas divertirse deportivamente! “¡Disparates!” dice Darío desdeñoso; “¡Diez damas Danielas, Dianas, Doroteas deben disciplina discreta, desnudándose desde despachos desordenados! ¡Deténganlas, desfachatadas desobedientes del deseo!”. Darío, Darío, dime dónde desapareces descubriendo doñas desesperadas, desairadas, debilitadas, decepcionadas, desafortunadas; damas dolientes dormidas despeinadas, desperdiciadas, desposeídas, desahuciadas…



©2010 PSR

miércoles, 9 de junio de 2010

MUJER

Obra maestra
de la vida
creación original
completa
encantadora.
Un sinnúmero de sueños
deseos
anhelos
expectativas genuinas
te adornan entera
por dentro
y por fuera.

Manojo de sentimientos
universo de ideas
fantasías
nuevas
propias.
Curiosa descubres
tu existencia.
Paso a paso
la imaginas
brillante
a todo color
y con la mejor música de fondo.

El destino te va llevando
a veces de la mano
otras con indicaciones
y algunas a leves empujoncitos
…o no tan suaves.
Cumples
con tu parte.
Cada día
llenas los requisitos
que exige el personaje
que encarnas hoy
mientras te preparas
para el rol que te tocará
mañana
y pasado mañana también.
Lo que aún no sabes
es que los papeles en tu obra
se crean pero no se destruyen
ni se transforman
tampoco se sustituyen
sólo se acumulan
incesantemente.

Eres mujer
inigualable
insustituible
todos lo saben.
Tesoro preciado
por muchos
que temen admitirlo
por envidia
por vergüenza
o para no perder
su puesto
…o su poder.

Personaje único
eternamente femenina
siempre tú
como tantas
cientos de roles
máscaras
trajes.
Debes estar lista
para responder
en todo momento
aunque tal vez
nadie te lo pregunte
¿a quién amas?
¿a quién quieres?
¿qué tanto?
¿de qué manera?
¿cuándo?
¿dónde?
¿por qué?
Todos se sienten dueños
de ti.
Todos se saben tus dueños
simplemente es así.

Entonces
cada tanto
en medio de tu rutina
entre los niños y la cena
a medio preparar
te asaltan impertinentes
las dudas
implacables
intolerantes
¿quién te quiere
realmente?
¿quién te ama a ti?
Piensas
intentas responder…
mas no siempre lo logras.
Suena el teléfono
alguien te necesita
de nuevo.
Otro alguien se molesta
por esa llamada entrépita
a una mala hora.
¿Quién te entiende?
¿quién te ignora?
¿quién te usa?
¿quién te abusa?
Lo sabes, sí
te duele
aunque no quieras admitirlo…
Apasionada por naturaleza
romántica sin remedio
con qué facilidad
te dejas chantajear…
¿Quién te contrata?
¿quién te paga?
No siempre valoran
recompensan
respetan
el esfuerzo diario
por mantener el orden
cualquiera que sea éste
el tiempo
invertido en la educación
de tus hijos
y el amor…
el amor.
¿Quién espera qué cosa
de ti
constantemente?
Todos…
todos lo esperan todo
¡por supuesto!
¿Quién sabe qué puede lograr
contigo
naturalmente?
¿Quién te pone a prueba
una y otra vez
para demostrar
hasta dónde puede llegar
impertinente?
Ellos, ellas
el grupo entero
¡…y alguien más!
¿Qué tanto haces?
¿cuáles esperanzas le confiesas
a quién?
A veces es mejor confiar en un extraño…
¿Cuánto trabajas
para quién?
Demasiado haces
por los demás.
¿Qué tanto más debes producir?
¿cuándo?
cuándo…
¿Cuándo te das un tiempo
para detenerte
a respirar
tranquila
profundamente
a plena luz del día?
Tómate un momento
para ver las nubes
mirar a la gente
sus rostros
los ojos de otros
con calma
detallar los verdes
todos distintos
de las plantas
en la calle
en el parque
tocar una flor
sus pétalos
y sus espinas.
Sabes que te lo mereces
inténtalo hoy
recuerda qué se siente
disfrútalo
y luego llámame
para contármelo.

Mujer
alma bella
infinitamente hermosa
desde cualquier ángulo.
Fascinante
ser humano
de mil responsabilidades
simultáneas.
Eres hija, hermana
madre, abuela
esposa, amante
trabajadora
cabeza de familia
compañera
amiga.
Eres tú
lo sabes
pero ante todo
y sobre todo
eres mujer
siempre
…eternamente.



©2010 PSR

miércoles, 2 de junio de 2010

MANOS

En el estudio de mi padre hay un retrato de las manos de mi abuelo, el ginecólogo obstetra Dr. Georg Ernst Schaefer, realizado por su amigo el pintor KGe en 1934. El artista plasmó su percepción de aquellas manos que habían traído al mundo a tantos niños y habían ayudado a tantas mujeres a lo largo de muchos años en Gera, Alemania. Sí, las manos de mi abuelo hicieron mucho bien… al igual que las manos de todos nosotros.

No tuve la dicha de conocer a mi abuelo ya que él murió un año antes de yo nacer; así que nunca pude tocar sus manos. Sin embargo, podía verlas cuando quisiera en ese cuadro. De alguna manera es inevitable mirarlo cada vez que entro al estudio, aún hoy que mi padre ya no está. Las manos de mi abuelo fueron entrenadas para la labor que debían realizar; eran manos trabajadoras y sanadoras, listas para intervenir drásticamente en cualquier emergencia y para dar consuelo frente a los desenlaces difíciles. No me extraña que alguien se hubiese sentido interesado e incluso fascinado por lo que significaron esas manos famosas en Gera hasta pasada la primera mitad del siglo pasado.

Lógicamente me siento contenta por mi abuelo, pero lo que más me encanta de sus manos es que no tenían nada especial; su importancia era debida al uso que él les daba, convirtiéndolas en diversos instrumentos según la necesidad del momento. Y eso era exactamente lo que hacía mi otro abuelo, Gustav Röder en Königsberg, por otro lado de Alemania cuando como maestro albañil utilizaba las manos para construir casas y edificios. También su esposa, mi abuela Liesbeth, usaba sus manos al cortar patrones en telas para coserlas después, convirtiéndolas en prendas de vestir. Por su parte, en Marburg, mi emancipada abuela Paula Mahr utilizaba las manos para expresar sus ideas escribiendo ensayos sobre teología y religión. Estoy muy orgullosa de mis cuatro abuelos; cada uno de ellos creó algo diferente pero todos usaron sus manos, manos como las de cualquier persona. ¿Y de qué otra manera podrían ser, sino iguales a las nuestras?

Las manos. ¡Cuánta perfección y cuánta belleza encerradas en un par de palmas, esperando la indicación exacta para actuar, dejando salir entonces miles de emociones y conceptos! Cuánto pueden revelar un par de manos acerca de su dueño… Y cuánto pueden contarnos nuestras manos, si tan sólo prestamos atención a las señales que nos transmiten. Las manos son uno de los medios de comunicación más importantes, desde el mismo sentido del tacto, pasando por la creación de cualquier obra y llegando al lenguaje de señas y la lectura braille. En cuanto a la transferencia instantánea de información, no hay nada que se compare a un apretón de manos; es un contacto breve e intenso entre dos personas que dan el primer paso para conocerse. Sin embargo, hoy en día hay mucha gente que por diferentes razones ya no quiere dar la mano al saludar. Para mí, la presentación de una persona queda incompleta si no me da la mano; ese intercambio energético momentáneo es prioritario porque me da una mejor idea del carácter de quien acabo de conocer. Las dimensiones, forma, temperatura y textura de la mano, junto con la manera de engancharla, la presión, la expresión del rostro, la mirada y la duración del evento son indispensables en esa primera impresión tan importante que puede definir el curso de una relación.

En la inmensa mayoría de las actividades que llevamos a cabo todos los días están involucradas las manos. Ellas ejecutan las instrucciones que les damos, y siendo nosotros duales por naturaleza, les cargamos un lado luminoso y otro oscuro. De la misma manera que las manos pueden crear cosas importantes y hermosas, también son capaces de destruir cuanto existe: pueden dar vida o pueden quitarla, acercar y comunicar o alejar, rechazar y bloquear todo intento de encuentro. También pueden arreglar, reparar cualquier obra destruida; incluso son capaces de curar y de hacer soñar. Las manos pueden aferrarse fuertemente a algo y no dejarlo ir jamás o aflojarse, soltarlo, empujarlo y luego escapar; pueden abrirse para saludar o convertirse en un insulto o un puño que ofenda o hiera. Pueden defender nuestras ideas de manera pacífica, protegernos de cualquier peligro o atacar sin misericordia y con todo el odio del mundo; pueden llenarnos de energía, elevándonos por encima del mundo o drenarnos, pisoteando nuestra alma, silenciándola irremediablemente. Las manos comienzan todas las obras y las acaban también; pueden cuidarlas o maltratarlas, regalar amor o robar la felicidad, aniquilando al ser. Nuestras manos pueden lograr todo esto y mucho más… y justamente ese es su sentido: son los instrumentos más perfectos de que dispone el espíritu.

Las manos son los principales órganos con que manejamos el mundo que nos rodea. Su diseño y constitución las hace extremadamente versátiles en cuanto a su funcionalidad, siendo capaces de realizar infinidad de movimientos en muchos grados de precisión. Principalmente, las manos hacen. Hacen algo, lo que sea, pero siempre hacen. Son el vehículo del que disponemos para dominar el ambiente a nuestro antojo: al cumplir órdenes ellas trabajan, luchan, siembran y después cosechan. Son capaces de indicar, atajar, cocinar, vestir, limpiar y llamar; traen y recogen todo lo que haga falta en un hogar cada vez que sea necesario. Nuestras manos crean obras de arte, nos emocionan produciendo música, dibujan y escriben para entretenernos, para plasmar nuestros sueños o como medio para subsistir. Ellas comienzan las cosas, colocan todo en el lugar exacto, ejecutan las acciones que deben, siempre acatando nuestros mandos para tomar las armas y embestir o para juntarse como si fuesen un espejo, llevándonos a un estado espiritual elevado en el cual logramos orar o meditar.

Pero estas maravillosas herramientas empotradas de que dispone nuestro cuerpo no sólo sirven para trabajar y producir; se consideran también las mejores representantes del sentido del tacto. En las puntas de los dedos hay una enorme cantidad de terminaciones nerviosas que nos dan información sobre el entorno a la vez que nos permiten manipularlo. El procesamiento instantáneo de infinitos estímulos y sensaciones crea un panorama completo e irremplazable según el cual reaccionaremos. Definitivamente, las manos son perfectas; señalan algo que nos interesa, encuentran objetos, los alcanzan, agarran, palpan, sienten su superficie, textura, dureza o suavidad comunicándonos cada detalle instantáneamente, constantemente, fielmente. Ellas son capaces de descubrir menudencias casi imperceptibles, ver en la oscuridad absoluta, sentir las vibraciones de la música, un grito, una explosión, el golpe de algo que cae y un susurro; pueden escuchar lo que nuestros oídos no son capaces y llevar cualquier mensaje al destino preciso, explicando el objeto o la circunstancia. Al describir nuestro mundo en detalle, las manos detectan, sitúan y ubican, notan y examinan, aprecian y observan, manifiestan y revelan los elementos y el conjunto, sorprendiéndonos constantemente. Así, nos hablan afirmando aquello que nos envuelve y son capaces de recordar todas las sensaciones aprendidas en un evento.

Nuestra alma utiliza las manos como su extensión física y son el mejor medio de que dispone para expresarse. Con ellas nos dedicamos a repartir amor a quienes nos rodean. Traemos vida al mundo, la cuidamos, alimentamos y ayudamos de mil maneras diferentes. Las manos son importantes al momento de enfrentar cualquier peligro; podemos envolver en ellas algo o a alguien para defenderlo o impedir una desgracia, transmitir seguridad con una simple palmada en el hombro, confortar a otro con el calor de nuestro tacto y ayudar a los demás a sanar por sí mismos con la energía que pasa a través de nosotros y emana de nuestras palmas. Las manos nos ayudan a consolar a quien lo necesita, estrechándolo en un gesto protector de la más pura entrega. Son elementos curativos en toda la extensión de la palabra; con ellas damos masajes y aplicamos tratamientos, revitalizando a los demás al recibirlos y a nosotros mismos por la oportunidad de darlos.

Y por supuesto, las manos son muy importantes a la hora de expresar los sentimientos. ¡Qué delicia sentir esa caricia anhelada en el momento oportuno! ¡Qué regalo tan especial llegar a posar las manos sobre la piel del otro, entregándole la tibieza de nuestras palmas y descubrir su calor... su tremor… la explosión de su erizamiento inminente como consecuencia de un inesperado escalofrío. Las manos llegan adonde más se necesitan; ofrecen toda la suavidad y la ternura del universo, dan cariño, palpan, tocan, aprietan, desean, sienten, reciben, disfrutan, son delicadas, quieren, complacen, aman… y en el instante menos esperado, aquellas manos que tan obedientes siguen siempre nuestras instrucciones de pronto se rebelan, se emancipan y se liberan, perdiéndose a ratos por las sendas ocultas de las emociones…

Las manos. Mientras más las descubro, más me maravillan.



©2010 PSR